Friday, December 20, 2013

El florista



¿Hueles eso? Son crisantemos. Aroma dulce que se mezcla con el liviano perfume de las rosas blancas y de los tulipanes que guardo en el invernadero. Es un aroma verde, un aroma húmedo, pero con un poco de tierra, eso sí.

Este año ha sido una verdadera locura, ¿Quién lo hubiera imaginado? Doce años han pasado desde que terminó la Gran Guerra y aún así vivimos ahogados en el alcohol que es llevado por contrabando de ciudad a ciudad, todo esto es una desgracia.

La estructura circular de metal delgado no es otra cosa más que un soporte para la obra de arte que estoy a punto de realizar. Delicados hilos de rama verde fina siempre esconden el rudo color metálico del alambre; pequeñas florecillas rosadas le dan entrada a este arreglo que será dentro de unos minutos el acompañante perenne de un triste epitafio sin sentido.

Leí en el periódico que hace unos días mataron a la señora Harris a sangre fría en su propia casa, y no estaba sola. Uno de esos contrabandistas estaba con ella. Las autoridades dicen que el responsable de ese terrible crimen fue Al Capone, el más violento y temido de los contrabandistas de este país, maldito italiano.

Es muy importante que los muertos tengan sus flores. Es primordial que sepan la verdad, que aunque ya no nos acompañan hay alguien que se toma la molestia de invertir tiempo y dinero en un bonito arreglo de flores. Es lo mínimo que podemos hacer por ellos, ¿no crees?

Giovanni De Santis es el nombre del pobre difunto para quien preparo la corona esta tarde, debo confesarte que este es uno de los mejores trabajos del mundo entero. Me hace sentir como una especie de guardián, de protector. Alguien humilde que pide permiso a la muerte misma para tener un último gesto de humanidad con aquel que descansa en paz ahora para siempre.  

 No hagas mucho desorden, puedes ir y ver las plantas, incluso podrías tomar algunas si quieres. Debo ir a entregar la corona pero prometo que no tardaré mucho en regresar.

El florista salió de la tienda cargando la pesada corona, la metió en la parte trasera de su modelo T1 de la Ford y arrancó en la dirección que su jefe le ordenó. Las calles de Chicago siempre están infestadas de vehículos y transeúntes ávidos de industrialización, de negocios, de progreso.

El edificio al que tenía que llevar las flores era uno de esos viejos de tres pisos que se ubicaban en Cicero, una parte particularmente violenta de la ciudad.

Michael tomó la corona y empezó a subirla aparatosamente por las escaleras.
Al llegar al tercer piso sacó el pequeño papelito que su jefe le dio.

“Apartamento 3-C”.

Toc, toc, toc – golpeó la puerta con firmeza.

Un hombre de contextura gruesa, alto y de ojos saltones abrió la puerta.
¿Qué carajo es esto? ¿Qué quieres? – preguntó el hombre con un tono desafiante.

¿Es usted Vicente Torrio? -  preguntó Michael

Claro que sí, y tú debes ser un maldito irlandés…

Entonces Michael sacó de su saco una pistola de nueve milímetros y disparó dos balas que perforaron y destrozaron las rodillas de Torrio. El italiano cayó al suelo gimiendo de dolor.

El florista empujó al mastodonte para que quedase boca arriba, metió la corona en el apartamento y cerró la puerta detrás de él.

Los gritos del italiano eran inconsolables, sus rodillas trituradas le impedían moverse de cualquier manera, además en ese estado de ebriedad ningún movimiento coordinado sería posible. Michael tomó un pequeño trapo que estaba sobre un sofá e terciopelo verde y lo introdujo en la boca de Vicente.

Por los crímenes cometidos en estos tiempos de locura has sido sentenciado a muerte. Hace tres noches entraste en la casa de la señora Harris, una de las informantes más importantes del verdadero jefe de Chicago y mataste a un buen amigo mío – Exclamó Michael como si se tratase de una homilía.

Entonces retiró el trapo de la boca de Vicente.

¡Maldita sea! Son las ordenes de Capone, yo sólo hice lo que el jefe me pidió, por favor, por favor, ¡no me mates!

Está bien, si me pides perdón, no te mataré.

Michael sacó un colt plateada y apoyo el cañon contra la frente de Vicente.

¡Perdón, perdón, maldita sea! – Gritó Vicente aferrándose a los últimos momentos de su vida.

Dime, ¿cuál es el nombre que está escrito en la corona?

Gio… Giovanni De Santis. 
  
¡BAM!

Los sesos de Vicente Torrio ahora cubrían la alfombra del viejo apartamento.  

Es muy importante que los muertos tengan sus flores. Es primordial que sepan la verdad, que aunque ya no nos acompañan hay alguien que se toma la molestia de invertir tiempo y dinero en un bonito arreglo de flores. Es lo mínimo que podemos hacer por ellos, ¿no crees?




La venganza de Bugsy Moran apenas estaba comenzando...



Un humilde homenaje a Terence Winter y su "Boardwalk Empire".

Monday, October 14, 2013

Silencio rojo


“A todos los complejos actos que forman parte de nuestra efímera existencia...”








Este pequeño relato debe ser contado de la manera más sencilla pues así lo merece. De hecho, me reservaré algunos detalles no tan importantes y te prometo haré mi mejor esfuerzo por dibujar con palabras todo lo que sé y todo lo que recuerdo de esa horrible tarde.

Comenzó en el espacio, o mejor dicho, en la casita verde que está más allá de la estación de bomberos. Específicamente, comenzó en la pequeña habitación del segundo piso, esa de paredes profundas y techo nefasto; esa de puerta cerrada, mesa tétrica y sillas protagonistas; esa de luz tenue y ventanas inexistentes.

Rebeca estaba sentada a la izquierda, su mirada – una que jamás podré olvidar – estaba llena de nostalgia. Era un poema en sí misma, la recuerdo bien porque sin decir una sílaba ella recitaba sus más oscuros secretos. Rebeca estaba triste, estaba… desesperada.  

A la derecha estaba sentada Anastasia, su expresión – una que jamás podré olvidar – era fría cual roca de invierno, su actitud, sus metas y sus sueños se escapaban de ese frágil cuerpo aún cuando ella no movía ni el más inocente de sus músculos. 

La puerta permanecía cerrada.

Se miraban fijamente a los ojos pero ninguna se atrevía a hablar.

La mesa que las separaba era rectangular y de caoba ahumada, el olor del barniz se elevaba con libertad hasta encontrarse con los delicados hilos de luz que proyectaba la antigua lámpara. Nunca creí que un objeto tan simple como una mesa pudiera separar a dos personas como aquella lo hizo. Era como si un océano con toda su fuerza hubiese estado luchando en contra de la unión de la dos jóvenes.

Anastasia temía por su vida. El breve instante que pasó en esa diminuta habitación de luz tenue, la hizo sentir limitada, su vida – pensaba ella – estaba en el mundo más allá de la terrible puerta, más allá de las cuatro paredes profundas y del techo nefasto, su vida, todos sus sueños, todo lo que siempre había añorado…

Rebeca no sabía cómo lidiar con la mirada gélida de la persona que estaba sentada justo en frente de ella. Su amor por Anastasia trascendía todas las convenciones que conozco y todas las que tú podrías llegar a imaginar. La pasión que despertaba el simple hecho de estar juntas en la misma habitación era indescriptible.
 
Sé que te diste cuenta del vestido azul de Rebeca, y sé que viste el tatuaje de fuego violeta que tiene en su pierna derecha pero necesito que te concentres, más arriba del tatuaje, un poco más abajo de la cintura. No, no hablo de cuán lista estaba ella para u tan añorado encuentro de amor. Hablo del arma que reposa sobre su muslo derecho, la pequeña luger ss alemana de metal color plomo. Rebeca estaba preparada para acabar con todo, el arma estaba cargada y, por supuesto, el seguro no estaba colocado.

Anastasia, por otro lado, había tenido el arma en su mano izquierda durante todo este tiempo, el amor que sentía por Rebeca no le impediría nada, ella también estaba preparada.

Aquella era una escena conmovedora, estoy seguro de que un hombre jamás llegará a entender el amor entre dos mujeres, muchísimo menos el amor que baila aún cuando se encuentra sentado, el amor que no es armonioso, que no conoce reglas, el amor que se pierde en el cuerpo de una simple mesa de madera…

Rebeca amaba con pasión.

Anastasia debía seguir su camino.

La pequeña habitación las destruía poco a poco.

Entonces sucedió…

Rebeca apuntó el arma al corazón que no le correspondía y Anastasia apuntó al cerebro que no veía lo obvio.

Se dijeron adiós sin decir una sola palabra y halaron el gatillo.

Un silencio rojo se apoderó de la habitación, ambas mujeres cayeron al suelo cubiertas de sangre y de memorias. Nadie pudo hacer algo por ellas, nadie se atrevió a exclamar una sola palabra y fue en ese momento, justo en ese preciso instante en el que un segundo estruendo llenó el espacio y mi vida.

Los aplausos retumbaban por la izquierda y por la derecha. Las luces se encendieron y la música comenzó a sonar...

Rebeca y Anastasia se levantaron y, tomadas de la mano, hicieron reverencia al público que conmovido expresaba su admiración por el acto que acababa de ver.



La obra había terminado. 









Wednesday, October 9, 2013

Elias


There is not one word of relief that could ever be told to me for he is gone now and that is one absolute truth. This, in fact is not a short story nor a desperate chronicle but a confession that finds itself so close to my heart that it is almost sung by my humble words.

To be particularly honest with you, every time I thought of that man my body shivered without control as if his spirit took all over me… can you imagine that? That man changed the world forever with just one thought. That’s the kind of life everyone wishes for, isn’t that so? Well, I have got nothing left to say other than welcome and I assure you, once you finish exploring this memory, your life will be covered by his magic.

December 15th 1966

The phone rang…

“Hello, yes?”  

“Hi, is this Mr. John Fawler?” – asked the man at the other side of the line.
“Yes, you’re talking to him, what´s up?” – I answered, trying to hide how tired I was.  

“John, I am calling from the D office, Mr. Elias is ready for the interview, and you can go and visit him today” 

I couldn’t believe what I heard; Mr. Elias himself granted me an interview. Well, I never cared much about my clothing and that was not going to change that day. I stood up, took a shower and grabbed both my little black leather covered notebook and my hat of luck – as if that was going to make any difference, right? – I was ready to face Anaheim’s disastrous traffic once more.

Time escapes from us…  

By the time I got there, a mob surrounded the building, they were worried, and they were shouting his name… I went pass them as If I was just another fan full of concerns about Mr. Elias´s health, but the truth is that those ten years of intensive studies gave me a piece of plastic, an identification that said “Journalist” and I had the right to get in.

I walked towards the information counter, the woman behind the desk was a giant, I bet not even the fiercest of men would dare to say anything rude to that lady. She was doing some kind of paper work. I tried to be as quiet as I could, after all she might have thought I was just another disrespectful loud fan who came to torment the ill.

“Hello, I am John Fawler” – I said.

She gave me look full of anger, her eyes were red as if she had slept even less than I did. She examined me very carefully without saying one single word…

“I am a journalist, you see? I am actually here to interview Mr. Elias”

Her sight changed completely. Tears filled her eyes and a soft smile was drawn upon her face. The giant had become a docile angel.

“Oh, my son… thank God you’re here. He is very sick; I don’t know how much time we’ve got left. Excuse me if I was rude to you, I have been here for two days”

“Don’t worry, Ma’am, I understand, I haven’t slept much either”  

“His room number is… 1932” – she said firmly.

I walked towards the room. I don’t think I can describe what I felt back then. Every step got me closer and closer to the man I admire the most in the world. Think about it for just one second… how would you feel? 
What would you think?

Two times I knocked.

I got no answer.

Then a blond nurse opened the door. She looked me in the eye and said “He is ready” and walked away.
“John?”

“Yes sir. It is me”  

“Johnny, it is a wonderful gift to have you here with me, come on in”

The room was painted in white, everything was lit by our Californian bright sun and still being in such a sad place like that became a colorful experience, I was there, Mr. Elias was there… what else could I ask?

“Mr. Elias, I am here for the interview” – I cleared my throat.

He was lying down, his body ached, I could tell…

“Fine, fine… I am going to ask you the first question of the evening…” – he said in a joyful manner.
“Oh, ok, fine by me” – I replied.

“Johnny, you have got to understand that in every job that must be done there is an element of fun, you find the fun and… snap! The job is game… please tell me, are you having fun so far?”

“Well, sir, yes of course… I am just a little bit nervous”

“Don’t be, just relax, you’ve got a friend in me…”

And then the interview started.  

“Mr. Elias, tell me, how did it all start?”

“Well, son, it all started back in Kansas… I helped people to put their bags on the train and they would be really nice to me, you see? They gave all kinds of tips, big bills, small bills. I remember that time when a lady asked me if I could draw something for her as she waited the train and so I did. That moment changed my life. She was absolutely amazed by my drawing skills. “Kid, you have got some talent there” she said to me… and well, I believed that. From that day on every night of every single week I looked to the skies at night and I wished upon a star as dreamers do.  And you know what, Johnny? All my dreams came true”

“I could tell, sir. I imagine that it wasn’t easy for a young man like you to get out of Kansas and head to sunny California”

“It was easy, I mean, all I had to do was pay for my ticket” – he laughed.

“It was easy, I mean, I was ready… I had discovered my skills and I had a dream so everything that I had to do was get on that train and start living. I needed to hold forever, where they all live unaware of what I’d give, of  what Id dare; I just needed to live one day out there.”  

“Amazing” – I whispered.

“Sir, what would you say is the most important thing towards building a path, I mean, you got to California and started working, how did you build that path?”

“Johnny, as I walked out of that train I faced many difficulties, the first and most complex of them all was to find a place to stay. I don’t know if there´s such a thing as a guide to build your path or to build your career, to be honest with you I realized that from the day we arrive on this planet and linking step into the sun, there’s is more see than can ever be seen or to do than can ever be done. Life is short, I just… did it.”

“Why hasn’t Mr. Elias stopped since then?”

“Come on! How could I? I mean, I don’t believe in fate, but once you find what you truly love you can’t stop, you can’t have enough. I’m dying here, son… and all I can think of is the next forty seven years of projects…  We are all connected to each other in a circle, in a hoop that never ends… Johnny, we need to sing with all the voices of the mountains, we need to paint with all the colors of the wind. You touch lives in so many different ways, how could I stop? It’ll be irresponsible for me to stop” – He answered while tears covered his weary eyes.   

My eyes were full of tears too but I didn’t want him to see it, I was both impressed and moved, I was happy and terribly sad… I had to keep on with the interview.

“Once you got to the world of creations and to the core of the business… were you intimidated by someone, anyone?

“I don’t think so, no. We were all the same right? I mean human beings in love with the art of entertainment. In fact, the thought that had been with me since that afternoon drawing at the train station was that I wanted more. John, don’t misjudge me, I saw those great men from our history and I knew that I want to be were those people are,  Up where they stay all day in the sunwanderin' free, I really wished  I could be part of that world.

“And so you do, sir”

“Oh, John… I wish there would be more time…”

“Me too, sir. Me too”  

“I have another  question before our time is up, sir”

“Fire away, son.”

“What do you think will the impact of your legacy in the years to come?” 

“My legacy… son, throughout the years I  have worked really hard to inspire generations of men and women who will be the next great creators of our world.  I have strong belief in possibilities, you see?. Let me explain myself. Let’s say you’re a great chef then you should now anyone can cook, right?”

“right” – I replied

“Well, that is what all is about… I had come to realize that not everyone can become a great artist, but a great artist can come from anywhere. And it is my dearest hope to contribute with those hidden artists that hasn’t been born yet by giving the best of my ideas and my spirit through my very own creations”  

“Thank you very much for this, Mr. Elias, I will write this interview and publish it, it’ll be in the papers all around town in two days. I admire you, and I can tell you that I am one of those inspired men.” 

He sat at the edge of his bed, coughed and gave a hug.

That was it.

That night was the outmost sad night of my life.  

I went to my apartment, took a shower and sat.   I had to write down the interview -you cannot imagine how messy my notes were - That was without a doubt the most incredible interview I had ever made. I was inspired, I was…

The phone rang.

It was from the hospital.  

Mr. Walt Elias Disney died from lung cancer that 15th of December of 1966.

To be particularly honest with you, every time I think of that man my body shivers without control as if his spirit takes all over me… can you imagine? That man changed the world forever with just one thought.

That’s the kind of life everyone wishes, don’t you think?

Well, I have got nothing left to say other than thank you for reading this memory and remember…

It all started with one little mouse.




Saturday, October 5, 2013

Undernet


“Una vez que entras, formas parte de ella y no importa lo que hagas… nunca vas a poder salir.”

El siguiente texto no encuentra su objetivo en seducirte, atraerte,  ni mucho menos entretenerte. Esto es una firme advertencia, una cortés invitación a que, si nunca has escuchado hablar de la Undernet, dejes de leer en este preciso instante. Existen cosas mucho peores que el infierno pero esas cosas no están allá afuera en las calles, no, están en lo más profundo de la red, ahí donde no existe ley alguna, ahí donde tu vida se transforma en la más terrible de las pesadillas.

Recuerdo haber leído esas líneas hace un par de meses. Eran parte de un diario que encontré en el suelo de un club nocturno. El libro parecía haber sido deliberadamente destruido, curioso es, de hecho, que la tapa del mismo y muchas de sus hojas se encontraban corroídas por algún tipo de químico extraño. Es un golpe de suerte el que haya podido rescatar algo de él, pues, desde ese día me obsesioné con aquello que es oculto, con ese espacio no iluminado de la red, con ese tal infierno de infiernos.

Siempre he pensado que con la llegada de la era digital, muchas personas han menospreciado la labor y el intelecto de los periodistas, lo digo, claro, porque soy uno, y uno bien crítico. La red le da la oportunidad a ciudadanos comunes sin entrenamiento en las formas de la comunicación, de expresar, informar e incluso entretener haciendo uso de contenidos de todo tipo y publicándolos en la misma. He recibido insultos, críticas e incluso he sido tildado de tecnócrata por creer que el periodista nace, no se hace.

Es mi fiel creencia la que me lleva a sentir que hay algo dentro de los periodistas de carrera que los impulsa a seguir paso a paso, investigando y llegando a sitios a los que nadie más puede llegar. Literalmente creo estar al borde de un descubrimiento importante.

Aquella noche, recuerdo, era una tarde lluviosa de septiembre. ¿Qué mejor forma de pasar un viernes por la noche que investigando un misterio sin igual? La Undernet me llama, me canta, me grita, ella necesita que yo la encuentre.  

La sala de mi apartamento es sobria, la cocina, un tanto aburrida, pero, el balcón, el balcón es un espacio único en el universo, las suaves cortinas de seda bailan al compás del viento que misterioso se siente al hacer presencia por los espacios de mi humilde morada; La puerta de madera con seguro doble reforzado de acero me hace sentir seguro, pero eso es una mera ilusión… ¿No es así?

“Nunca debes seguir los caminos del “.Tor” mucho menos los del “.Onion”  - “

“Wasp” es el nombre del hacker que me dijo exactamente todo lo que tengo que hacer, espero conocerlo algún día, él o ella es brillante, de eso no tengo ni una pequeña duda.

Sí, cambié mi proxy.

Sí, seguí los protocolos codificados que me permitieron acceder a un router  ajeno de manera remota.

Sí, destruí todas las piezas de información personal que estaban en los más profundo de mi laptop, y aún así… ellos saben, ellos están cerca.

Estoy adentro, esto es real.

Los sitios que he encontrado son nefastos. Llevo varias semanas sin poder conciliar el sueño. La venta de armas, la prostitución infantil, las estafas… el mundo es mucho más oscuro, mucho peor de lo que jamás imaginé.

Me encuentro, en este momento sentado en mi balcón, son las dos y treinta de la mañana. Hay un hombre en la calle, tiene un zipo en la mano, parece estar encendiendo un cigarrillo, él sabe quién soy, él sabe que yo entré…

Ha pasado una hora, el suelo de madera de mi apartamento suena mucho más que e costumbre. ¿Será que estoy paranoico o que nunca me había detenido a escuchar los leves sonidos de la madera que cruje? Juro que nunca más entraré en ese maldito servidor de venta de órganos, no quise llamar la atención de nadie. No soy un policía, soy un periodista, un periodista.

Ya casi amanece.

Oigo un sonido, proviene de mi computadora. Sí, tengo un mensaje de… Wasp, dice: “Cuidado, van por ti”

No sé qué hacer, lector, lector mío, quien quiera que seas, una vez leas esto sabrás el motivo de mi desaparición, de mi… de mi muerte. Por favor, avísales, diles que pase lo que pase no entren en ella. 

Alguien está en la puerta, la golpean con fuerza. Adiós.

“¿Qué demonios?” – pensó Leonardo al leer la penúltima página de aquel extraño diario.

Las similitudes eran atroces, un periodista exactamente igual de terco que él había escrito estas líneas en su diario y ahora, por alguna extraña razón, Leonardo estaba sentado frente a su computadora leyendo… la duda y el terror se apoderaron de él.

Ya era demasiado tarde, Leonardo, justo como aquel pobre diablo, había modificado ambos su proxy y su dirección IP, ya había navegado la Undernet  y estaba a punto de seguir excavando pero, ¿qué decía la última página del terrible diario?

Volteó la página.  

“El hombre entró con furia en mi apartamento, fue directamente a donde yo estaba, como si hubiese estado antes en el sitio, como si la maldita configuración del internet le diera todos los secretos de mi hábitat y de mi ser. 

Me golpeó con fuerza, traía un objeto de metal consigo, su meta era abrirme vivo y tal vez conseguir algunos órganos que no hayan sido tocados por el mal hábito que tengo de fumar dos cajas de cigarrillos al día.

Fue entonces cuando decidí rogar por mi vida, le dije al gigante que yo podía ayudarlos a conseguir mejor mercancía, les prometí que los llevaría a otro periodista, a otro maldito curioso para que lo descuartizaran y vendieran su humanidad, después de todo, soy parte de esto… Lo siento, lo siento mucho, de verdad.”

Leonardo se levantó de la silla y se alejó poco a poco de la pantalla de su MacBook Pro. Las piernas le temblaban, sus manos estaban frías, su rostro pálido…

Un estruendo recorrió todos los rincones de su apartamento.


La Undernet  lo encontró.  





Dedicado a Gabriela Benazar Acosta y a Juan Pedro Cámara Pérez.


Mrs. Carlie, The Strange Tale of



Night two thousand and twenty six. She is not here.

Every single night of my life, as usual, I go for my routine stroll… I end up at the pool area; I stop and take a very careful look all around the place. Every single night I walk and personally check every chair and every corner but I can’t find her. Every single night I crouch and crawl to the pool side and I look right into the water, there, just beyond my reflection, there where light is broken by the water ; there where all my hopes dream and rest, right there where it all happened.

The first night, or, to be more precise what I call the first night of my life, I was of course working, guarding those brand new Marriott villas. My job was not complicated; all I had to do was walk around with my little flashlight scaring cats and crows that liked garbage bags too much. 

I am a lonely man, you see? No family, only a few friends and of course Popper, my trustee companion, my dog. To be honest with you, that job suited me perfectly, I watched and cared for our customer’s dreams, I protected them from reality. Those vacations villas were an oasis amidst a crazy world of regrets and harmful thoughts, I liked my job… I was, lost.

That night changed everything  

I was walking toward the pool area; I believe you can already imagine how alive that place was at day, kids running and music playing, everyone enjoyed it so much, I, on the other hand, liked to see it at night, when everything became whispers and nothing more, shades of what had been… Water is life and there it stood, as always, tranquil, waiting for another day of fun.

As I approached the chairs at the far left side of the pool I noticed a presence, but this time it wasn’t neither a cat nor a crow, it was young woman.  There she sat, alone, looking right towards the old light house, I noticed her because every fifteen seconds her whole body would be completely covered by that soft yellow light. She was naked.

At first I doubted whether I had to come close to her and ask if she needed anything or just leave, but the truth is I couldn’t dare to move one muscle of my body, I was shocked, I was paralyzed and she… she was absolutely out of this world, her sight didn’t even bother to notice my humble presence, her ears didn’t want to hear a mere particle of the noise I made with every step.

Who was that girl?

Then it happened, she stood up, turned around and came walking slowly towards me. That, I confess, was one of the most beautiful moments I have ever lived. She came, step by step being lit by the lighthouse’s light; 

I saw frames coming to life, twenty four frames of pure impossibility.

I guess you might think, dear reader, that I actually engaged in a conversation or maybe that I asked her something, but I did not. She stood two feet away from me, enough distance to make me feel completely shy and absolutely disarmed.

“Hello, my name is Carlie” –  She said

Her eyes searched my soul in that very instant, she could see all my secrets, the absolute nature of my wildest dreams; with that look Mrs. Carlie found all the particles that make me human and understood them;  with that look she saw my heartbeats and heard my thoughts. Those yellow eyes were not normal, that is the kind of yellow you would want to get lost into.

She took one more step forward and then our bodies melted together having just that old light as witness.
Her lips found mine in a moment of total innocence and then… it happened.

The universe stopped.

My eyes were full of tears, as I said before; those were twenty four frames of absolute impossibility that turned into my dearest memory.

She was gone.

Night two thousand and twenty seven. She is not here.

Every single night of my life, as usual, I go for my routine stroll… I end up at the pool area; I stop and take a very careful look all around the place. Every single night I walk and personally check every chair and every corner but I can’t find her. Every single night I crouch and crawl to the pool side and I look right into the water, there, just beyond my reflection, there where light is broken by the water;  there where all my hopes dream and rest, right there where it all happened, hoping that maybe, just maybe, I can find her and tell her the very words she deserves. 

"Thank you".









Saturday, September 28, 2013

Luz roja


Nunca aceleres cuando esté húmedo el pavimento – me decía ella. Nunca le presté atención.

Aquella noche recuerdo cada uno de los pequeños sonidos que formaban parte de la vida de mi automóvil. El motor rugía con fuerza, el parabrisas barría despiadadamente el agua que chocaba furiosa contra él y mis manos temblaban como nunca antes, la vía era oscura, mi vida estaba en peligro.

-Toda acción genera una reacción, ¿no es así?  -  

Fue entonces cuando me percaté de que la gasolina estaba por acabarse, la luz naranja se encendió poco antes de empezar este relato, mi corazón latía con fuerza. Quedarse varado en esta ciudad de asesinos y ladrones definitivamente no era una opción, tenía que reparar el más grande error de todos mis descuidos.

La noche era inclemente, no sólo e presentaba ante mí como una total desconocida sumergida en la oscuridad absoluta de u naturaleza, sino que también posaba de la manera más seductora que puede existir, en medio de una tormenta.

La muerte sonríe en las formas y figuras que se dibujan en el pavimento húmedo, baila bajo la inclemencia de los tiempos y revela muy poco pero de manera muy abrupta con los rayos que, llenos de un placer sádico,  impactan tu retina sin piedad.

Fue en ese preciso momento cuando sucedió, a lo lejos no a más de un kilómetro de distancia se dibujaron dos luces rojas equidistantes entre sí. –Un vehículo – pensé rápidamente. Lo verdaderamente extraño era ver que una persona se detuviese ante la orden de la luz del semáforo, de su luz roja.

Me acerqué con esperanza pero nunca perdiendo el terror y la prudencia que este contexto nos inyecta en contra de nuestra voluntad. Después de todo, no hay forma de saber si quien maneja es un cura que se dirige a su convento o un asesino que retiene a su próxima víctima en la maleta.

La luz naranja comenzó a titilar, “tick, tick, tick” el auto estaba a punto de morir. Tal vez el destino me reunía en ese momento de incertidumbre y ansiedad con la única persona educada en la ciudad,  o quizás no.

El extraño vehículo se encontraba en el canal izquierdo de aquella vía de tres canales, así que decidí parar mi carro en el canal del medio, justo en paralelo. Pensé que de esa manera podría ver el rostro de la persona y así deducir sus intenciones, conocer su historia y su propósito, pero aquel experimento desesperado me llevó a algo totalmente diferente.

La luz roja se deslizaba por su delicado rostro generando sombras muy curiosas, dibujando y acentuando partes de su cara que a plena luz del día nadie nunca podría ver. Su mirada estaba fija, concentrada en el camino, esperando el cambio súbito, esperando el nacimiento de la luz verde para arrancar y llegar sana y salva a casa.

Nunca había visto un rostro tan particularmente ingenuo, tan extrañamente único.

“Tick, tick, tick”… Faltaba cada vez menos, lo sabía, pero aquella figura angelical me mantenía inmóvil, completamente hipnotizado.

Por primera vez en mi vida deseé que la luz roja nunca se transformara en verde, que la inclemente lluvia no se detuviese y que la noche, la asesina, no muriera para dar paso a un nuevo día; el peligro dejó de ser un problema, el miedo dejó e imperar, estaba atónito.

Me preguntaba si en algún momento ella voltearía, si en algún momento se percataría de mi presencia y vería un rostro único generado por la mera percepción de la noche roja; incluso llegué a preguntarme si yo había sido durante toda mi vida un fantasma, ¡Qué estupidez! 

Ella hizo un ligero movimiento, volteó, me miró directamente a los ojos como diciendo adiós, como si estuviese consciente de que este contexto que nos aplasta no nos permitiría bajar de nuestros vehículos, conocernos, pasar una vida juntos, esa fue posiblemente la mirada más triste que jamás he visto, la mirada de lo inevitable.

Entonces su rostro se iluminó de verde, giró su cabeza y, de nuevo enfocada en el camino, arrancó. Yo sólo pude ver cómo esas dos luces rojas equidistantes entre sí se alejaban poco a poco.

El sonido que emitía la alarma naranja había desaparecido

El silencio era absoluto.

La gasolina se había acabado.

Entonces el habitáculo de mi carro se iluminó con un blanco intenso, con una urgencia psicodélica y luego el estruendo más terrible se apoderó del espacio y del tiempo, un estruendo que hizo del más grande de mis miedos una realidad prematura, una realidad que en ese instante llegaba mucho más pronto de lo que yo jamás soñé.  

Y, ahora que lo pienso…

Tal vez no fue una estupidez, tal vez sólo soy... un fantasma.


Thursday, August 15, 2013

La ventana



Aún puedo escuchar la dulce melodía que entra danzante a mi apartamento, por el lado derecho, deslizándose justo por el espacio que hay entre la ventana y el marco de madera oscura. Por ahí, sólo por donde un silbido sería capaz de escabullirse, por ahí por debajo de todas las pesadillas.  

El sillón de terciopelo rojo está, como de costumbre, vacío. El suelo – también de una madera muy oscura – es firme, es antiguo. Y la ventana, la única ventana que hay en ese apartamento, no posee cortinas, ni adornos, ni una pizca de gracia, de hecho, esa ventana ha estado cerrada desde que tengo memoria, nunca me he atrevido a abrirla o siquiera a asomarme para ver qué podría existir del otro lado. 

La ventana me da miedo.

El televisor tiene tres grandes roscas, dos para sintonizar y una para regular el volumen. Como podrán darse cuenta es uno de esos televisores viejos de cajón, una reliquia que transmite a blanco y negro. Me pregunto, ¿qué habrá del otro lado de esa ventana? Todas las noches, casi al dar la media noche, empieza una melodía, una colisión de notas que se fusionan con una armonía casi perfecta y que son mi compañía. 

 Mi madre solía decir que ese era Vincent, del otro lado de la ventana, abajo en la calle con su saxofón. Eso y nada más.

La ventana sigue estando cerrada.

Una vez, la señora Harris vino de visita, esa señora de cabello muy blanco y de lentes de media luna. Ella me dijo, susurrándome al oído, que ella una vez se había asomado por la ventana y que lo único que había visto era un banco, al lado de un farol que proyectaba una luz blanca. Eso y nada más.

La ventana no se ha movido.  

En otra oportunidad vino Alcibíades y me narró la más trágica de las historias, que este edificio había sido construido con una sola ventana, con esa, que tanto me aterraba, porque afuera había una correccional donde eran castigados los impunes y los pecadores, un sitio donde se llevaba a cabo el castigo terrible de la silla eléctrica. Eso y nada más.

La ventana es siniestra.

Recuerdo también que en otra oportunidad vino de visita un señor bastante de mayor cuyo nombre no puedo recordar – creo que su nombre era Logan, o tal vez Robert. Él parecía un poco desubicado, un tanto nostálgico y complejo, lo único que él pudo decirme es que del otro lado de la ventana lo que había era un bonito parque en el cual le gustaba sentarse. Eso y nada más.

La ventana espera.

Creo que de todas las historias que he escuchado sobre “el mundo más allá de la ventana” es la de Alice, la que más me impresionó. Alice, esa mujer elegante y atractiva que pasaba de vez en cuando a hablar con mi Madre, me dijo que del otro lado de esa maldita ventana hay un edifico, y que en ese edificio vive un detective privado que resuelve casos de homicidio terribles como los que leerías en una novela de Stieg Larsson. Eso y nada más.

La ventana me llama.

Tantos años han pasado, tantas historias han sido contadas… Esa ventana sigue ahí. Las paredes se encojen con el tiempo, el techo cada vez más bajo asfixia las ideas, cuestiona los dogmas. El sillón sigue siendo rojo y de terciopelo; la cocina sigue estando sola, el televisor no ha logrado transmitir a color y yo sigo aquí sentando frente a esa ventana.

Me acerco con cautela pero con los ojos cerrados, el suelo chilla con cada pequeño movimiento que hago, las lámparas que cuelgan del techo aguantan la respiración; los sueños se encuentran al borde de un colapso total, mis manos tiemblan; sudor frio corre por mi frente pero mis pies siguen avanzando… Apoyo mi mano derecha sobre el frio y húmedo marco de madera oscura; pienso una o dos veces si debo o si no debo. En realidad, ¿Qué podría pasar, cierto? Es sólo una maldita ventana.

Entonces abrí los ojos.

El mundo más allá de la ventana es fascinante, creo que nunca podré entenderlo, pero escucha bien, debes prestar atención. Hace ya un par de años me asomé por la ventana con grandes expectativas y un miedo aún mayor, un miedo que es sólo comparable con el que sientes tú en este momento. 

Lo único que yo pude ver fue el rostro de un hombre envejecido presa y víctima del miedo que paso toda su vida sentado frente a esa ventana. El hombre parecía confundido, parecía aterrado y por sobre todo parecía estar vivo. 

Eso y nada más.